EDUCACIÓN DE CALLE Y DROGODEPENDENCIAS

 

«... se potenciarán las intervenciones alternativas de ocio y tiempo libre y la educación de calle».

 

(Estrategia Nacional sobre Drogas 2000-2008)

 

 

EL EDUCADOR DE CALLE

 

En el campo de las drogodependencias, y más concretamente en los equipos multiprofesionales, no existe tradición de incorporar la figura del Educador de Calle, cuando por otra parte es fundamental tanto a nivel de trabajo preventivo como de recuperación social. La educación de calle permite un trabajo más específico, más cercano a la realidad y con una metodología diferente.

 

Su propia definición responde al ambiente donde ejerce su trabajo y a la función específica que desempeña y su ámbito de su actuación profesional hace referencia a un tipo de educación no formal. Pero el Educador de Calle es algo más que un técnico, es alguien capaz de racionalizar su propia existencia, contrastarla y proyectarla a los demás para que sean dueños de sus vivencias concretas y de las posibilidades para conseguir conducirse en la sociedad con responsabilidad.

 

Este «modelo» de educador es el que va a permitir intervenir con jóvenes con problemas de drogas en su propio medio, pues el acercamiento será sincero, de tú a tú, con disposición para iniciar un proceso de transformación. Él será vínculo entre la persona con problemas de drogas y los recursos comunitarios, con la familia, con el entorno, las instituciones..., creando un mundo relacional, de afectos positivos, de apoyo y de acompañamiento.

 

El Educador y la Educadora de Calle son agentes sociales que intervienen fundamentalmente en el espacio calle como ámbito de socialización. Su acción va encaminada a niños, jóvenes y adultos en situación de desventaja o conflictividad, siendo testigo de sus realidades y poniendo en marcha los mecanismos precisos para si incorporación crítica a la comunidad.

 

 

CAMBIOS SOCIOLÓGICOS

 

Las drogodependencias han dejado de ser un primer problema para los ciudadanos, sin embargo este fenómeno ha caracterizado a muchos barrios de grandes y pequeñas urbes por el «trapicheo», las «patrullas ciudadanas», los robos, la «imagen» que ofrecen los drogodependientes, etc., todo ello símbolo de la incapacidad de los mismos barrios a dar respuestas creativas a esta crisis social. Es en los años 90 cuando disminuye el consumo de heroína, asociado a grupos marginales, pero hoy en día existen muchos jóvenes que, a edades cada vez más tempranas, consumen alcohol, cannabis, drogas de síntesis...

 

La convivencia familiar se ha reducido por el cambio sociológico habido en las últimas décadas con la incorporación de los cónyuges al mundo laboral. La transmisión de la cultura y de las normas queda casi relegada a la escuela, la calle y los mass media.

 

La escuela, por una parte, está demasiado centrada en los contenidos y no en las situaciones vitales que viven chavales y adolescentes. Los mass media, por otra, atrapados en la vorágine capitalista, les preocupa la venta de productos y la fabricación de consumidores. Y en la calle se respira un ambiente de inseguridad, individualismo y cierta permisividad.

 

Muchas trayectorias individuales de jóvenes consumidores vienen marcadas por algunos de los siguientes factores de riesgo:

 

- La existencia de padres alcohólicos o antecedentes de abuso de drogas en el seno familiar.

- Conflictividad familiar, malos tratos.

- Edad de inicio en el consumo en torno a los 12-14 años.

- Facilidad de acceso a los diferentes tipos de sustancias.

- Desinterés por el colegio, fracaso escolar, fracaso del sistema educativo.

- Falta de control de los padres.

- Comportamientos antisociales.

- Desarreglos psicológicos: Ansiedad, depresión, baja autoestima...

 

Todo ello agravado por la ausencia de programas socioeducativos, de infraestructura en los barrios, la escasez de espacios para el ocio (escuelas deportivas, ludotecas, clubes juveniles, centros cívicos, polideportivos...) o ciertas actitudes de la población frente a este problema: insolidaridad, desvertebración, desunión, desmovilización social...

 

¿Qué ocurre cuando ni la familia, ni la escuela, ni el estado, ni los mass media han sido capaces de socializar adecuadamente al adolescente?: Pues que tenemos como resultado «inadaptados» y «maleducados», o lo que es lo mismo, sujetos tan vulnerables que serán presa fácil para ciertos intereses tan morbosos como peligrosos, llámese explotación laboral, sexual, mental... acabando dependiendo de un proxeneta, un líder fanático, un traficante...

 

Es en este contexto donde el Educador de Calle suele dejarse ver para dar comienzo a procesos vitales que, gracias a su personalidad, formación humana, técnicas, habilidades y recursos, posibilitarán el crecimiento y maduración de los sujetos a los que acompañará en su vida cotidiana, en sus vivencias y en sus conflictos, para apoyarlos en la búsqueda de alternativas y la toma crítica de decisiones. De esta forma permitirá que fluyan las ideas que harán posible cambios de actitud y de reposicionarse respecto a sí mismo, los demás y el mundo.

 

Este apoyo y seguimiento del proceso de maduración del sujeto sólo es posible desde una educación individualizada y personalizada, donde los conflictos cotidianos sirven para madurar y crecer en libertad dentro de una comunidad de individuos.

 

 


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- Saber qué entendemos por droga, consensuar criterios entre los diferentes profesionales para así lograr una acción conjunta destinada a la prevención e intervención ante las drogodependencias.
- Conocer cuáles son las características socio-psicológicas que nos permiten identificar a las personas en riesgo y/o potenciales consumidores de drogas.
- Conocer y detectar cuáles son los ambientes socioculturales que favorecen el consumo de drogas.
- Promover actuaciones adecuadas por parte de los diferentes servicios a los problemas derivados del consumo de drogas en los diferentes ámbitos y situaciones en las que ocurran. Actuaciones que pasarían por la prevención, detección en aquellos casos en los que exista sospecha y una intervención directa si fuese precisa.
- Formar a los educadores/as (en su concepción más amplia) como agentes responsables de la prevención y posible actuación ante casos de uso y abuso de drogas.

Así mismo, debemos conocer cuál es la metodología, recursos y materiales con los que contamos a la hora de promover programas de prevención con adolescentes y jóvenes.

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