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EL EDUCADOR DE CALLE

 

Los inicios de la educación de calle partieron de grupos de voluntarios que desarrollaban un trabajo educativo con chavales inadaptados, con fracaso escolar, desocupados, con carencias en cuanto a recursos personales, familiares, económicos, etc. El Educador capta y detecta a la gente que está en la calle en situación de déficit, para estar con ellos, para motivarlos, apoyarlos y ganar su confianza, insertándolos en un colectivo normalizado. El principal objetivo será desarrollar los propios recursos del sujeto hasta conseguir su autonomía personal, con libertad y responsabilidad.

 

Son los Educadores de Calle quienes conviven cotidiana y asiduamente en contacto directo con la realidad que «sufren» los chavales, con una presencia activa, sin prejuzgar la actuación de los chavales, sino apoyándoles en su desarrollo como personas y ofreciéndoles otras alternativas válidas a tanta desgana, desmotivación y apatía.

 

CHICOS DE LA CALLE

 

El Educador trabaja -entre otros colectivos- con «los hijos de la calle», con esos niños, adolescentes y jóvenes que tienen una serie de elementos comunes fruto de las carencias y del proceso de sociabilización padecido:

 

- viven normalmente en la ciudad;

- huyen de un hogar carencial, donde las relaciones familiares son débiles (si las hay);

- improvisan juegos y aventuras en cualquier rincón, nave abandonada, terreno abierto...; - se trata de estrategias de supervivencia-;

- necesitan afecto, estímulos, comprensión, confianza, apoyo...;

- tienen baja autoestima y un autoconcepto deteriorado;

- están escasos de vínculos duraderos;

- poseen escasa capacidad de asombro (se hacen adultos a destiempo);

- han sido sobreprotegidos por la madre e ignorados por el padre;

- rechazan cualquier autoridad formal que quiera imponerles unas normas para ellos ajenas a su vida;

- se sienten inferiores, porque carecen de bienes, de formación...;

- su rendimiento escolar es bajo y abandonan la escuela tempranamente;

- no programan, no hacen previsión de futuro (viven el presente sin importarles el futuro);

- tienen dificultades para mantener la atención, porque casi nada les motiva;

- tienen falta de perseverancia porque desean «vivir el presente»;

- tienen un desarrollo moral escaso;

- muestran una aparente dureza exterior, que les permite defenderse ante cualquier ataque externo;

- corren riesgos específicos inherentes al ambiente donde se desenvuelven.

 

No todos los jóvenes en dificultad se acercan a los recursos de socialización ni a los servicios sociales. El hecho de ser jóvenes en conflicto, y permanecer al margen de la sociedad, les condiciona para ser futuros excluidos sociales.

 

Algunos chicos se constituyen en bandas, que les aportarán seguridad y estatus. A través de la banda, el muchacho se mezcla en una serie de acontecimientos con altas dosis de emoción y riesgo: desafiando a otras bandas, ciudadanos, autoridades, etc.

 

Para el Educador de Calle, la solución a estos problemas no pasa por el internamiento en instituciones, de ahí que prime también la prevención primaria articulada a través de los contactos que mantiene con la escuela y las asociaciones o su implicación en el trabajo comunitario. Es en el propio medio donde se generan las necesidades educativas, y en él deben buscarse las respuestas.

 

El Educador de Calle trabaja con estos chavales, entre otros colectivos, y a pesar de llevar más de veinte años ejerciéndose la profesión en España, para la gran parte de la población este modelo de educador es un gran desconocido. Para algunos es una especie de «solucionador» de todos los problemas que afectan a niños y jóvenes con problemas de inadaptación social y que viven sobre todo en barrios marginales de las grandes ciudades.

 

Muchos Educadores se han formado en la práctica del día a día al lado de chavales con problemas, entre calle y calle. Otros vienen de la Universidad (Educador Social, Trabajador Social, Pedagogo). Pero a los Educadores de Calle podemos considerarlos como Educadores Sociales Especializados cuyo trabajo se desarrolla en «medio abierto», como alternativa que pretende prevenir y atender las situaciones de marginación, bien sea por causas familiares, económicas o sociales.

 

Hay niños y jóvenes que no entran en el circuito de actividades y centros destinados a esta población: clubes, actividades extraescolares, campamentos... Este tipo de vida organizada no forma parte de su manera de ser y sentir. Por eso el Educador va en su busca, está con ellos y, partiendo de su propia realidad, les abre nuevas perspectivas.

 

HACIA UNA DEFINICIÓN

 

La mayoría de las experiencias conocidas sobre la intervención del Educador de Calle surgen a través de asociaciones y grupos que, con una conciencia antiinstitucional, se aproximan directa y humanamente a los jóvenes marginados e inadaptados. Experiencias de este tipo las encontramos en varios barrios de Barcelona, Córdoba y La Rioja; las primeras promovidas por sus respectivos ayuntamientos y en la última por el Movimiento Pioneros. Fue este Movimiento quien, por primera vez, desarrolla tareas educativas directas en 1968 en el Barrio de Yagüe -La Rioja-, dando lugar a la profesión de Educador de Calle, que en Francia ya se denominaban Educadores en Medio Abierto.

 

El Instituto de Reinserción Social de Barcelona (IRES) también inició en 1975 una experiencia en el Barrio de El Carmelo por espacio de tres años; después de lo cual extendió su acción a otras zonas, llegando a ejercer esta tarea reeducativa sobre 850 jóvenes con seis equipos de Educadores de Calle.

 

Para aproximarnos a lo que es el Educador de Calle, podríamos definirlo como:

- Un profesional que recorre calles, bares, campos de juego, rincones... en busca de chavales a los que ofrecer amistad, ayuda, apoyo, vivencias, alternativas...

- Un profesional que es crítico con la sociedad.

- Un adulto cualificado que sirve de referencia a niños y jóvenes, poniendo a su disposición los medios necesarios para que pueda concienciarse de su situación personal y del entorno. Para ello también implica a la familia y al barrio.

- Un Educador social de medio abierto cuyo objetivo son los adolescentes y jóvenes con problemas de inadaptación social, marginación, delincuencia y predelincuencia, utilizando la pedagogía de la relación.

- Una persona con vocación solidaria por los niños y jóvenes menos favorecidos que tiene una tarea educativa no formal.

- Una persona que se integra en el tejido social de un barrio y en su dinamismo transformador.

- Una persona que educa por contacto, que inicia caminos inéditos con el chaval para hallar las respuestas más convenientes.

- Un profesional sin horarios, porque las intervenciones educativas se desarrollan con más facilidad en los momentos de ocio.

 

En las V Jornadas Nacionales sobre Inadaptación Social y Recuperación de Menores que se celebraron en Madrid los días 10, 11 y 12 de Marzo de 1983, se definía al Educador de Calle como:

 

«Un trabajador social, cuyo marco de trabajo es fundamentalmente la calle, por ser éste un ámbito esencial de socialización al que no llegan las instituciones. Su acción educadora va dirigida a los niños y jóvenes con problemas de inadaptación social con los que lleva un tratamiento a la vez personal y grupal. Es un adulto que sirve de punto de referencia e identificación al menor y es testigo de la realidad de éste. Su función es facilitarle los medios necesarios para que pueda tomar conciencia de sí mismo y de su situación en el entorno y atender sus demandas más urgentes a todos los niveles, utilizando para ello todos los recursos existentes en la comunidad. Es un punto de conexión entre los jóvenes inadaptados y la comunidad».

 

Faustino Guerau de Arellano, que es uno de los protagonistas de la Educación Especial en España y cofundador de los Colectivos Infantiles del Ayuntamiento de Barcelona y de la Escuela de Educadores Especializados Flor de Mayo de la Diputación de esta misma ciudad, define al Educador de Calle como:

 

«Un ciudadano intencionadamente preparado para apoyar procesos evolutivos de niños y adolescentes que tienen especiales dificultades para instalar su vida en áreas aceptables de personalidad individual y colectiva y que, por razones histórico-sociales, realiza este servicio sobre todo en el espacio calle».

 

Si decimos que el Educador es una persona con vocación y con opciones claras por las más vulnerables, entonces podemos también formular lo qué no es un Educador de Calle:

- Una persona que busca un puesto de trabajo, aunque tenga derecho a vivir de su tarea.

- Un profesional aséptico, distante y multipreparado.

- Un «plasta».

- Un paracaidista que, solitario y sin miras de continuidad, se deja caer en un barrio del que no se siente parte integrante.

 

Por tanto, el Educador de Calle, será una persona que se implica y complica, porque:

 

- Actuará como elemento catalizador entre el barrio y el joven.

- Tendrá que introducirse en el mundo del chaval, asumiendo su propia cultura y su problemática.

- Será elemento creador en todos los aspectos: juegos, diálogos, actividades...

- Acogerá las demandas de los chavales-as y las interpretará.

- Hará de referencia tiempo-espacio.

- Se pondrá en contacto con las diferentes instituciones del barrio con el fin de dar a conocer abjetivamente la problemática de los menores y jóvenes y encontrar pautas y salidas válidas.

- Será elemento activo en la vida del barrio, participando en las reivindicaciones de éste y con la idea de que sólo cambiando al barrio cambiarán las gentes que en él viven.

- Realizará una educación divertida, sacando recursos pedagógicos de cualquier lugar, sobre todo de la vida diaria. No precisa muchos recursos materiales. La vida de los chavales es fuente de experiencias y aprendizaje.

- Ha de ser imaginativo, descolocante, responder con patrones de conducta no habituales, pero con seguridad, cariño, firmeza y flexibilidad. Los chavales están acostumbrados a que se los miren de una determinada manera y a unas formas concretas de reaccionar ante su violencia verbal, sus chantajes morales y sus demandas. Cuando se encuentran con otro tipo de respuestas no violentas les descoloca, y si encima se ponen más agresivos y sigue sin haber espiral de violencia, la sorpresa es aún mayor.

 

Así es como, en la práctica, la acción del Educador de Calle tiene unos elementos conformadores e integradores:

 

1. Precedentes:

Concientización y autogestión como reacción en contra de las instituciones totales: centros preventivos, reformatorios, cárceles...

 

2. Causas:

Hacinamiento, handicaps educativos, desarraigo cultural y social, paro, crisis familiar, problemática económica, drogodependencias, etc.

 

3. Objeto de la acción:

Aunque en principio fueron los adolescentes y jóvenes, hoy se impone la tendencia hacia la prevención -trabajando con niños a partir de los ocho años de edad-.

 

4. Problemática:

Inadaptación social, marginación, predelincuencia, delincuencia, prevención y tratamiento de conductas asociales.

 

5. Objetivos:

Reeducación e incorporación social, prevención de conductas socialmente desviadas, cambio de la comunidad y de los condicionamientos sociales en que se sustenta...

 

6. Medios:

 

- A través de la Pedagogía de la Relación:

 

            - contacto personal libre y antiinstitucional;

            - credibilidad personal;

            - amistad;

            - humor;

            - simpatía...

 

- A través de la Pedagogía de la Acción:

 

- Sobre el individuo: actividades de tiempo libre, creatividad, trabajo de ambulatorio, acciones terapéuticas.

- Sobre el grupo: actividades de grupo -ocio, dinámicas, proyectos-.

- Sobre la escuela: contacto con los profesores, atención al fracaso escolar, al absentismo.

- Sobre la familia: relaciones con los padres, hermanos, parientes.

- Sobre la comunidad: participación en asociaciones del barrio.

- Sobre la estructura laboral: información laboral, cooperativas, búsqueda de empleo, etc.

- Sobre la estructura jurídica: contactos con el Juzgado de Menores, con la policía, abogados, acciones de asesoramiento, informes, acompañamientos, visitas en la prisión...

- Sobre la sociedad: acciones conjuntas con asociaciones para apoyar o promover la toma de conciencia sobre la problemática juvenil.

 

- A través de la Pedagogía de la Dinamización:

 

- Para la aceptación del yo y de los demás.

- Para desarrollar la capacidad de servicio, de participación, de desarrollo de la comunidad.

- Para la integración en la propia cultura de la comunidad.

- Para desarrollar la capacidad crítica del individuo, del grupo y de la sociedad en general.

 

- A través de la Pedagogía de la Libertad:

 

El Educador de Calle no debe condicionar, sino que sus acciones deben ser compatibles con la libertad y elección del individuo, integrándose en las actividades propuestas. El Educador no debe ser director, sino orientador, con una acción antiautoritaria.

 

En la calle no hay más autoridad que la que proviene de la fuerza y la violencia, o la que se gana moralmente. El Educador está sólo ante la personalidad quebrada y rota, necesitada de afecto, seguridad y, por supuesto, límites.

           

7. Finalidad:

La Pedagogía del compromiso, buscando como objetivo final la transformación de los individuos y de la sociedad. Además, el Educador no es alguien aséptico a la vida del sujeto, sino un acompañante afectivo y efectivo.

 

 


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